PODER Y CIUDADANOS, CONFLICTO ASIMÉTRICO INVERTIDO

La pérdida de confianza en las instituciones ha tocado fondo (¿o todavía no?). Una gran parte de los ciudadanos no se sienten representados por nuestros órganos de gobierno, dirección y poder (partidos políticos, sindicatos, sector financiero, medios de comunicación, Casa Real, Iglesia, etc.), por mucho que algunos de ellos sean legítimamente elegidos.

Para dejar muy claras las cosas, no se trata de una opinión personal, viene siendo reflejado en el CIS desde hace meses, así como en cualquier encuesta. Por tanto, este artículo no se basa en ningún tipo de ideología política. Se entiende como poder todo tipo de organizaciones que nos dirigen y adoctrinan. Y la posible crítica de las siguientes líneas, porque entiendo que la lealtad implica juicio crítico,  está dirigida a todos en conjunto.

Se demandan, desde hace años, pero especialmente desde el #15M (15 de mayo de 2011) una serie de medidas ante las cuales los poderes hacen oídos sordos. O no. Toman alguna medida frente a desahucios, pero cuando un número de suicidios genera alarma social. O medidas de transparencia (así lo llaman ellos) cuando el escándalo llega a niveles mayúsculos.

Estamos asistiendo a un conflicto asimétrico invertido. En el ámbito de la seguridad se denomina conflicto asimétrico a aquel en el cual las fuerzas de las partes enfrentadas son muy dispares. Hay un contrincante poderoso, con medios tradicionales, y un contrincante más débil que debe recurrir a métodos y formas de enfrentamiento no tradicionales.

Paul F. Herman definió la guerra asimétrica como “un conjunto de prácticas operacionales que tienen por objeto negar las ventajas y explotar las vulnerabilidades (de la parte más fuerte), antes que buscar enfrentamientos directos”. Al año siguiente, Charles Dunlap la definió de forma parecida, pero añadiendo el concepto de “metodologías no convencionales o no tradicionales”

Habitualmente, pero no siempre, es la parte fuerte la que tiene en su mano la justicia, el derecho, el ejército, los poderes estatales. Así sucede por ejemplo en la lucha frente a Al Qaeda, tipología clásica de enfrentamiento asimétrico.

Pero en el caso planteado la situación cambia, son los poderes los que utilizan estrategias asimétricas (incumplimiento de la ley, ausencia de transparencia, engaño, etc.) además de las propias y legítimas del poder (justicia, policía, etc.). Mientras tantos los ciudadanos deben cumplir las normas, estar callados porque en caso contrario perjudican la marca España, aguantar porque el cinturón nos lo apretamos todos, etc.

Veamos esta asimetría de forma desglosada:

1. Por los medios utilizados. Los poderes utilizan una gran diversidad de metodologías, como el engaño, el abuso de poder, la corrupción, la ilegalidad,…Los ciudadanos, hasta el momento, únicamente la protesta y la manifestación (y un mayor grado de solidaridad social ante la dejadez de los poderes).

Alguno estará pensando que nuestros gobernantes no son más que un reflejo de nuestra sociedad, y que tampoco a nivel ciudadano damos ejemplo (facturas sin IVA, pagos “en negro”, etc..) Sin duda tiene razón, esta crisis tiene un gran fondo de ética y valores. Pero en el caso planteado no estamos valorando eso, sino la relación asimétrica entre poder (a quienes en todo caso el nivel de exigencia ética debe ser mucho mayor, porque son ejemplo también para la sociedad) y la ciudadanía.

2. Leyes. Los ciudadanos están obligados a cumplir las mismas. Los poderes incumplen (por ejemplo la eliminación de la paga extra de funcionarios cuando una parte de la misma ya había sido devengada), modifican o adaptan la misma en función de “sus” intereses, no siempre los intereses generales. El caso de Eurovegas es un claro ejemplo.

3. La Constitución. Nuestra norma máxima. Cualquier crítica hacia la misma sitúa, a quien se atreve, en el extremo absoluto del sistema. Frente a la multitud de llamadas a su reforma siempre se indica su dificultad (en una semana se modificó lo que interesó). Destacaré en este caso únicamente dos cuestiones:

– Las fórmulas de participación ciudadana señaladas (Defensor del Pueblo, referéndum, iniciativa legislativa popular,…) son absolutamente ineficaces.

– Pero además los poderes pueden libremente, y sin ningún tipo de responsabilidad, vulnerar la Constitución. La prueba de ello es el constante goteo de casos en que se declaran inconstitucionales leyes y medidas.

4. El efecto de los actos. Mientras que ciudadanos que protestan son arrestados, en ocasiones incluso antes de la producción del hecho (25S, presunto predelito), miembros del poder con presuntos delitos de mucha más gravedad no han llegado a pisar todavía un calabozo.

5. Responsabilidad. Vivimos en  un país en que no existe ningún tipo de responsabilidad por nada. En Alemania dimiten por un plagio de una tesis. En España ya puede pasar lo que sea que es imposible. Pero es que además reciben el apoyo masivo de sus colegas de poder, de forma ciega. Únicamente, cuando la situación es insostenible, son abandonados (por ejemplo por sus partidos, como si dicho elemento hubiera sido siempre ajeno a la organización y no hubiera sido cubierto y protegido). El ciudadano ha votado, y se tiene que aguantar hasta que pasen 4 años. Esto no es democracia tal y como la entienden muchas personas, estaría más cercano a mini dictaduras de 4 años, elegidas, pero con plenos poderes y sin responsabilidad.

6. Transparencia. La transparencia prevista y proclamada por nuestros poderes es para los demás, no para ellos. España es uno de los países avanzados (lo de avanzado hay que ponerlo en entredicho) que no tiene una Ley de Transparencia. Y el proyecto que se está tramitando es una burla a la inteligencia. Transparencia no es mostrar la declaración de la renta cuando la presión es máxima (mismo valor de transparencia que presentar una radiografía de tórax). Si una organización (partidos, CEOE, sindicatos, Iglesia…) recibe fondos públicos, sus cuentas deben someterse a “luz y taquígrafos”. Señores, no sean hipócritas, eso no se hace hasta el momento.

7. Actuación al margen de los criterios del mercado. Todos sabemos que los Gobiernos son en gran parte marionetas en manos del poder financiero. Pero unos muñecos políticos que buscan la satisfacción de sus amos, lo que les puede asegurar una silla en algún Consejo de Administración en un momento dado. Como suelo señalar, en esta sociedad deshumanizada, son los mercados quienes sufren. Hay que ayudar, pobrecitos. Todos nos debemos apretar el cinturón en beneficio de la colectividad. ¿Todos? Todos no. Como en el caso de los galos de Astérix, existe un pequeño grupo ajeno a ello: el poder político y diputados, con sus pensiones, sus indemnizaciones, sus privilegios, su indemnización por vivienda aunque tengan casa en Madrid o vivan en un Palacio. Y con los sueldos que abonan los partidos (en parte nuestro dinero), con criterios dudosos a la hora de “apretarse el cinturón”, como se veía en la famosa declaración de la renta presentada estos días.

8. Un poder más allá del bien y del mal. Consecuencia de algunos de los apartados anteriores, este poder o casta está más allá de la condición humana. Pueden hacer lo que quieran, como quieran, sin tener que dar explicaciones (o hacerlo por teleconferencia, sin preguntas, sin periodistas, etc.). “Daremos la cara” señalan en sus proclamas, cuando quizás lo que decían era “veréis qué cara”. Pero la mayor prueba de ese poder es la capacidad de perdonar (una posibilidad casi divina). Las amnistías, que supongo se mantienen como una acción de poder orgásmica. Ese poder de decidir si a una persona, y no a otra, la libero de su responsabilidad penal ante la sociedad. Puro medievo.

9. Propaganda, servilismo y fanatismo. Este poder maneja otros poderes y medios, y compra servilismo, fanatismo y seguidores. Ruido, exento de argumentos. Además lo tienen todos los partidos. Ello, unido a la nula preparación y conocimiento sobre asuntos de Gobierno de los ciudadanos contribuye a esa perpetua y triste fractura, interesada porque genera alternancias en el poder, de las dos Españas. Por tanto, en esa lucha asimétrica, el poder utiliza la propaganda, y la división del “enemigo”.

10. Finalmente, y casi como conclusión, entienden “la democracia a mi servicio” y no como “yo al servicio de la democracia”. Sin duda, “lo llaman democracia y no lo es”.

La solución está ahí, en corregir estas asimetrías. Los poderes lo tienen en su mano. Lo pueden hacer pero no quieren, a nadie le gusta automutilarse, y sólo adoptan decisiones cosméticas cuando ven las orejas al lobo.

En caso contrario, el poder asimétrico de la parte débil irá en aumento, y no sólo basado en resistencia pacífica o un ligero grado de desobediencia civil. Los sistemas son fuertes en cuanto tienen la capacidad para soportar las tensiones, las fuerzas (Lewin) de empuje en distintas direcciones. Pero si se sigue estirando hacia los extremos…el riesgo de ruptura es importante, y si no sucede es porque en gran parte tenemos una ciudadanía mucho más responsable que aquellos que nos gobiernan.

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Una respuesta a PODER Y CIUDADANOS, CONFLICTO ASIMÉTRICO INVERTIDO

  1. Santiago R. dijo:

    Me quedo con 2 cosas:

    1- Crisis de valores /Cultural: no nos engañemos, ya lo dijo el Ciego a Lázaro de Tormes, en la escena en que paran a comer uvas. “Tú comes las uvas de 2 en 2” a lo que Lázaro responde sorprendido intentando negar lo que el Ciego ya sabe y le pregunta porqué piensa eso. “Porque yo comía de 3 en 3 y callabas”. Y eso es lo que pasa. Que el poder roba de 3 en 3, porque los ciudadanos lo hacen de 2 en 2. Si no de qué un 25% del PIB es a lo que equivale la economía sumergida. Somos permisivos con el robo, sobretodo cuando nos conviene, y ensalzamos al pícaro. El que defrauda a hacienda es un héroe. Y quién no ha oído/dicho “no me lo ponga en factura que me sube”, “te vendo el piso, pero en B va tanto”, “yo paso de pagar impuestos, total para que se lo lleven ellos”. En el fondo justificamos el sistema actual cuando nos beneficia hacerlo. Creo que no habrá ningún cambio si la población no está dispuesta a cambiarse a si misma. Cuando acepte ciertos valores, el cambio ya será inevitable.

    2- Inexistencia de Política de Estado: actualmente vivimos una política de partidos con el objeto de que cada uno trate de prolongar al máximo su cuota de poder. Eso implica la negación constante del contrario, aunque repercuta negativamente en ciudadanos y estado. Pero eso, entroncando con el punto anterior, quizá también ocurre porque los ciudadanos tampoco tienen el concepto de pertenencia al estado. Somos individualistas y el Estado es un ente externo, cuando el Estado lo formamos todos, todos deberíamos participar para que se mantenga en las mejores condiciones y todos somos responsables de lo que le pase.

    En fin, reflexiones de la tarde…😉

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