ESPAÑA, SELECCIÓN ESPAÑOLA, Y VALORES

Fantástica la victoria de la Selección de Fútbol en la Eurocopa, en un ejercicio deportivo-poético que ha producido un orgasmo colectivo en nuestra sociedad. Casi un millón de personas celebrando la victoria en las calles, multitud de portadas, y los ya habituales artículos que hablan de la grandeza de nuestro país, de los valores de los chicos de la selección, y del ejemplo a seguir para que unidos salgamos de la crisis actual.

Tengo que señalar que soy muy aficionado al fútbol. Y como amante de este deporte, hay que admitir que lo logrado por el equipo nacional es algo histórico. Y lo han logrado de la mejor de las maneras, con señorío y elegancia. Desde la sabiduría zen del entrenador Del Bosque, pasando por la superación de las diferencias entre los jugadores del Madrid y del Barcelona, hasta la integración de los egos existentes para lograr un ejercicio coral de enorme belleza.

Pero todo ello, y destacando de nuevo la importancia de poder disfrutar de momentos de alegría, más en los momentos actuales, y el posible interés en transmitir una buena imagen de España, no nos puede hacer perder la brújula y olvidar que estamos hablando de fútbol, es decir de un “juego”. Y la vida, el día a día, aunque también tiene su parte de juego, yo incluso así la defino en ocasiones, es un juego muy serio, mucho más que una Eurocopa.

Dos son las principales cuestiones que me preocupan:

  • Los jugadores de la selección no son héroes. Son unos profesionales, muy buenos profesionales, que realizan un trabajo a cambio de una enorme gratificación. Por tanto, tienen una motivación muy superior a cualquier otro trabajador, unos horarios bastante mejores, y una vida en general al alcance de muy pocos. El salto a héroe exige la realización de actos heroicos. Ganar un torneo no lo es, al igual que el alumno que aprueba o que saca muy buenas notas. Es cumplir muy bien su trabajo. Y es meritorio, sin duda. Por tanto me niego a que futbolistas sean ejemplo de la heroicidad. Busquemos en científicos españoles, aunque la mayoría estén ya fuera y los últimos atravesando la frontera; en las fuerzas y cuerpos de seguridad, en los bomberos y miembros de protección civil; en las unidades de emergencias; en médicos y personal sanitario,..
  • No es posible extraer una serie de valores de la Selección Española para señalar que son los valores, o deben ser, de un país. Pasar de lo micro a lo macro, sin más, es muy peligroso. Sacar unas conclusiones de 6 partidos, de un colectivo máximo, contando al personal de apoyo, de unas 50 personas, y tratar de aplicarlos a un país entero es un sinsentido. Se habla de liderazgo, de compromiso y de trabajo en equipo,  además de humildad. Perfecto, puedo reconocer esos valores a la selección, pero no a España. No niego que existen y que están, pero lo cierto es que la “marca” España actualmente no se basa en los mismos. Y es injusto porque la ausencia de valores de unos pocos (políticos, banqueros, …) es el valor de la España actual. Nuestros valores son la corrupción, el mamoneo, el fraude, el aprovechamiento…Insisto, muy injusto, porque la gran mayoría de españoles no son así. Desde mi punto de vista, personal por supuesto, existe una enorme falta de liderazgo. Porque el mismo debe basarse en la confianza. Y la confianza institucional está perdida. Este mismo fin de semana, un encuesta en El País volvía a mostrar algo que por otra parte ya nos enseña el CIS cada mes. Liderazgo político inexistente, ahora y antes, porque además de la confianza hace falta comunicación, transparencia, participación. ¿Trabajo en equipo? Un país en el que la victoria de un equipo de fútbol sirve de base para el ejercicio de las demandas nacionalistas, en el que el sistema autonómico y la superposición de administraciones a tres niveles ha llevado a la ruina, no creo que sea ejemplo de ello. Basta mirar en nuestros trabajos, quienes lo tengan, para percibir que en ocasiones los mayores enemigos los buscamos en otros departamentos de nuestra misma organización, sin entender, comprender o percibir que el fin es común, y que el beneficio de la institución es el de todos. Aunque sin duda, existen en España multitud de ejemplos de buen trabajo en equipo, en diversos ámbitos laborales. El compromiso lo dejaré para una entrada futura específica, es una cuestión que precisa muchos comentarios, comenzando por diferenciar lo que es compromiso de lo que es simplemente obligación. Y sobre la humildad, pues creo que tampoco es un valor que podamos extrapolar a la sociedad española, a la empresa, a la política. Más bien vivimos en un mundo de egos (yo soy más…, yo tengo…)

Por tanto no es bueno ni el patriotismo de pandereta (agitan un cóctel formado por bandera, “landismo”, fútbol, y sol y playa…), ni tampoco la ausencia absoluta de sentido de Estado que encontramos en otros sectores y medios. La virtud está en el término medio, lo que me hace pensar que España no es demasiado virtuosa. Algo que por otra parte ha sido descrito hábilmente por filósofos y ensayistas a lo largo de la historia de España.

Por lo tanto, mucha alegría por la victoria, pero ya está. En unos días habrá pasado (dos días después de la victoria sigue ocupando portadas). Como decía al comienzo es un largo orgasmo, placentero, pero que pasa. ¿Y que ha generado? Momentos de alegría, nada más. Y la alegría no es sinónimo de la felicidad. ¿Ha mejorado la confianza en España o la confianza de los españoles? Enorme chorrada, seguramente teledirigida. Posiblemente, sólo la confianza en que podamos ganar también el Mundial de 2014 en Brasil. Entonces España ya sería la hostia, y nuestros valores un ejemplo universal. ¿Ha generado algún valor? ¿Ha producido algún servicio para la comunidad o la sociedad, al margen de la alegría?

Pues eso, como se suele decir: Fútbol es fútbol.

Y ahora a trabajar, y gestionar la transición desde el “orgasmo del fútbol” al “dolor de viagra” de la crisis actual (dícese de aquel dolor generado por el exceso de autocomplacencia y la ambición sin límites, que lleva al organismo al entumecimiento y rigidez de sus partes por pretender siempre más de lo que la propia naturaleza permite).

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