PATOLOGÍAS DE ANÁLISIS EN LA SOCIEDAD

Entre los aficionados al fútbol se suele señalar que todos llevamos un entrenador dentro. Valoramos y evaluamos, sin duda, quién debe jugar, cómo se debe jugar, qué errores se están produciendo durante el juego, etc.

No es nada diferente a lo que sucede en otros ámbitos, como la política o la religión. Con una diferencia, que en este caso, sin que sirva de precedente, me hace encontrar un ejemplo de buena lección en el deporte. Somos capaces de criticar al equipo de nuestros amores cuando no juega bien, al entrenador, a los jugadores,…y eso no impide continuar siendo seguidor, ni significa una pérdida de lealtad. En política y religión el “talibanismo” es mucho mayor.

Se produce una grave patología de percepción y evaluación en las personas y en las instituciones. Evaluamos, criticamos, y pontificamos sobre multitud de cuestiones, pero plenos de desconocimiento, carentes de evidencias, de lógica y argumentación. El producto resultante está totalmente sesgado. Pero lo ofrecemos como verdad, no como “nuestra verdad”, sino como LA VERDAD.

Acudiendo a la cultura popular podríamos sintetizarlo en las 3 reglas siguientes, que aunque parecidas aportan cada una su matiz:

1. La doble vara de medir. No utilizamos los mismos criterios para nosotros mismos que para el resto.

2. La ley del embudo. Lo estrecho para tí y lo ancho para mí.

3. Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

¿Ejemplos? Todos los días.

– Los propios partidos políticos no valoran de la misma forma sus errores que los de sus opositores, quitando importancia a los defectos/engaños/fraudes/corrupciones coincidentes, y trasladando siempre culpabilidades hacia el exterior. Difícil es en todo caso su labor, porque tener como objetivo gestionar democracia cuando sus propias estructuras no lo son, debe ser complejo.

– En la Iglesia no se percibe la misma dureza e inflexibilidad en condenar propios errores y delitos (pederastia, robo de niños, etc.), y si lo hacen no lo saben comunicar, que por ejemplo en valorar el aborto en una niña de doce años, o la homosexualidad o los medios anticonceptivos. Incluso buscan terapia (sin estudios de medicina, ni de psicología) para estas cuestiones. Podían buscar también terapias para sus propias deficiencias.

– Los sindicatos no aplican lo que predican a sus propias estructuras organizativas y de trabajo.

– Los medios de comunicación, en muchas ocasiones con clara orientación política e ideología, manipulan desde las portadas y con el tratamiento que dan a lo que en principio es información.

– Nosotros mismos, en nuestra comunicación social diaria, criticamos a personas porque están gordas, son feos, etc. Y eso que posiblemente sólo hace unas horas desde la última vez que nos miramos en un espejo.

Lo más grave es que además estas evaluaciones las hacemos en uso de lo que creemos que es PENSAMIENTO CRÍTICO. Critico todo lo que no me gusta, aunque no aporte lógica o argumentación. Y si alguien me responde recurro a un nuevo DIOS que hemos creado en esta sociedad: LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, que va en la misma línea: Yo puedo decir todo lo que me dé la gana, pero tú no.

Pues bien, la crítica no hace que yo pierda lealtad, o sí en función de su gravedad y de las alternativas existentes, hacia un partido (de momento, pero espero que no por mucho tiempo, votar a un partido es la única vía de participación ciudadana en la política. El ciberactivismo va ganando peso, para cubrir las limitaciones/ficciones constitucionales como el referendum, el Defensor del Pueblo, o la iniciativa legislativa popular), hacia la Iglesia (es compatible sentirse cristiano y no estar de acuerdo con muchas de las cosas, y encontrar enormes ejemplos de lo que en el fondo señalaba Jesucristo en multitud de sacerdotes, en la labor de Caritas, etc.), hacia los sindicatos (su propia existencia ya es un sistema de control para evitar la discrecionalidad en la gestión de recursos humanos), o hacia las personas (Hobbes decía que el hombre es un lobo para el hombre, pero creo que son las construcciones sociales e institucionales humanas, como centros de poder, las que realmente son lobos para el hombre).

Es más, no ser capaz de autocriticarnos, de criticar nuestras propias acciones y pensamientos, de criticar a las organizaciones a las que pertenecemos, es en sí mismo otra patología social. Como no se me ocurre nombre adecuado ofrezco el primero que me viene a la cabeza: BORREGUISMO SOCIAL (social sheepwalking).

Esta entrada de blog tiene carácter introductorio. En próximas entradas abordaremos qué es el pensamiento crítico, qué no es, y cómo podemos comenzar a trabajar con él.

Os dejo por hoy, ¡voy a mirarme al espejo un rato!.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a PATOLOGÍAS DE ANÁLISIS EN LA SOCIEDAD

  1. Ni soy psicólogo (como Luis de La Corte), ni soy psiquiatra (como Marc Sageman), ni soy filósofo.

    Carezco de la formación necesaria para aportar algo útil aquí.

    Mi limitadísimo apunte se reduce a ofrecer dos lecturas y un par de citas.

    Las lecturas, sobre Hobbes, de Michael Oakeshott, de quien Hayek toma el concepto de “nomocracia”.

    Una introducción al Leviathan (http://scr.bi/JHy9h6) y un estudio de las estructuras sociales en Hobbes (http://scr.bi/L8sops).

    Las citas:

    Discrepar de Don Miguel Hernández : el pueblo Español es un pueblo de ovejas, no de leones, ya lo digamos en inglés, en vasco, en catalán o en chino.

    Sólo quiere su pan, su hembra y su fiesta en paz (“Libertad sin ira”, de Jarcha).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s