ANALISTAS: INTELIGENCIA PARA LA ACCIÓN

Ya ha sido comentado en ocasiones en este Blog el concepto de Inteligencia, como un proceso de obtención de información, integración, análisis y difusión del conocimiento resultante. Pero en mi opinión, si algo caracteriza la Inteligencia, y por tanto la función del Analista de Inteligencia, es la orientación a la acción.

El conocimiento o inteligencia por coleccionismo, o para llenar bibliotecas o discos duros, de poco sirve (salvo por la posibilidad de ser rescatado). ¿Cómo podemos matizar esa orientación a la acción de la Inteligencia? Que cada uno exprese su interés, pero sugiero lo siguiente:

– En el ámbito de lo público, esa acción final debe ser la mejora del servicio al ciudadano. El ciudadano paga todo, nos paga a los funcionarios, y tiene derecho a lo mejor. Y a exigirlo.

– En el ámbito privado la acción va orientada a la propia supervivencia (algo que debería aplicarse también a lo público, sin duda), a la maximización del beneficio, a la creación de valor para los accionistas, a la creación de empleo, al retorno de la inversión,…y no olvidemos también que a la responsabilidad social corporativa.

En términos más genéricos podríamos hablar de apoyar la toma de decisiones, resolver problemas o generar valor.

Esta orientación a la acción de la Inteligencia ya fue manifestada entre otros por Aristóteles (“La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”) o Sócrates (“Sólo es útil el conocimiento que nos hace mejores”). Sócrates nos conecta claramente conceptos como inteligencia, conocimiento, acción y calidad. Y es que en definitiva, y explicado para dummies, la calidad es tratar de hacer algo mejor (a menos coste, con más valor añadido para el cliente, en menos tiempo, con mejor servicio o atención al cliente, incorporando nuevas funcionalidades,..). Walt Whitman define de manera muy visual lo que es la calidad: “Hoy, antes del alba, subí a las colinas, miré los cielos apretados de luminarias y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas para seguir adelante”

Para esta finalidad es imprescindible una conexión entre todos los agentes sociales creadores de conocimiento, especialmente organismos públicos, empresas, tercer sector, ámbito educativo y ciudadanos. Las organizaciones y empresas deben escuchar a los ciudadanos. La Universidad debe escuchar a ciudadanos, organizaciones y empresas. Pero también las empresas y organizaciones pueden orientar la acción formativa y de investigación de las Universidades. Es clave tender cabezas de puente que únan esos ámbitos. Si no se hace así, la Universidad investigará pero las empresas no podrán aprovecharse por desconocimiento y desconexión con el ámbito académico. Si las empresas y organizaciones no se acercan a la Universidad, ésta no podrá conocer las necesidades, para las cuales quizás pueda generar conocimiento. El campo de la Inteligencia y de la Seguridad no es ajeno a esta reflexión. Todos necesarios, pero todos unidos, persiguiendo fines superiores.

Leo estos días con placer el último libro de José Antonio Marina, que me tendrá que perdonar por el abuso absoluto hacia su persona en este blog y en mis intervenciones en jornadas y seminarios. Se titula “La inteligencia ejecutiva”, y aborda la necesidad de una inteligencia orientada a la acción. Se señala que “la inteligencia es la capacidad para resolver problemas, aprovechando la información y aprendiendo de la experiencia”.  Magnífica definición. Y muy acertadamente señala que tenemos dos tipos de problemas: teóricos y prácticos. Los teóricos se resuelven conociendo la solución, pero los prácticos no, es preciso llevarlo a cabo, planificar y ejecutar. Ahí es donde la inteligencia tiene aún mayor espacio.

El pensamiento crítico, tan necesario en el analista, de nada vale si únicamente cuestiona (en el mejor de los casos, difícil en esta sociedad, autocuestionándose también), y no aporta alternativas. El pensamiento creativo, otro de los pilares competenciales de un analista, tampoco aporta lo suficiente con una idea brillante. El jefe o decisor puede valorar esa idea positivamente pero encontrar dificil su ejecución. Por eso el analista debe facilitar el camino, trazar la senda, y traducir la idea a “proyecto” o “posibilidades”.  Por tanto, hace falta un pensamiento práctico, que aporte soluciones. Utilizando una cita del poeta Paul Valery, “el pimer verso lo proporciona la Musa. Después sólo tenemos que escribir lo que sigue”. El Analista puede ser la Musa, siempre y cuando dispongamos de decisores o jefes Poetas…

No me alargo más por hoy, queda mucho en el tintero sobre esta cuestión, en la cual además es preciso acercarse a la Neurociencia. Continuará.

El día 31 de mayo, en Getafe, seguiremos reflexionando sobre esta cuestión entre otras, con Esprintel, Comunidad Académica de Inteligencia.

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