ANALISTAS: LOS LIBROS QUE NUNCA LEEREMOS

El Mundo publicaba, el pasado 25 de noviembre, en su Tribuna, el discurso de su propio Director, Pedro J. Ramirez, con ocasión de la inauguración del Salón del Libro Antiguo, que titulaba “Cómo poseer los libros que no tenemos”. Recomendable lectura para bibliotecarios, documentalistas, analistas, investigadores.

Tomaba como punto de partida la biblioteca de Montaigne, y el acceso a citas y referencias para su incorporación a otros textos: “en modo alguno para formar mis ideas; sí para una vez formadas, ayudarlas, secundarlas y servirlas”.

Las citas son buscadas y valoradas por algunas personas, menospreciadas por otras. En cierto modo pudieran ser un signo de pereza o indolencia, para no pensar acudimos a lo que ya han dicho otras personas. Particularmente las percibo como más bien un acto de humildad. Un reconocimiento de las propias limitaciones. Una directa declaración de que por mucho que lo intentemos, que nos esforcemos, y que pongamos en acción nuestra capacidades, nunca seremos capaces de llegar a condensar tanta sabiduría en tan pocas palabras.

Y es que a estas alturas de nuestra vida como seres humanos…pocas cosas quedan por inventar. Por eso los clásicos siempre serán modernos. Por eso podremos encontrar casi cualquier cosa actual en Aristóteles, por poner un ejemplo. Por eso algunos autores señalan que “Más Platón y menos Prozac”…

Por eso señalaba que era preciso “…estar muy atento a los libros…por ver si podré sisar algo con que esmaltar y apuntalar el mío”. Creo que queda claro la diferencia con el plagio, la cita es un homenaje, casi siempre póstumo, a su autor.  La cita aporta valor y seguridad.

Y es que tenemos que admitir que es imposible saber de todo, aunque algunos sí lo piensen y lo intenten demostrar, demostrando en realidad su desconocimiento, el desconocimiento de su propia estupidez. Es más, es incluso imposible saber de algo. Por eso han surgido disciplinas como la Gestión del Conocimiento, uno de cuyos principios señala que no es preciso saber de todo, que lo más importante es saber quién sabe. “Saber quién ha escrito sobre qué y cómo localizar el texto”. Se trata de poner la información, el conocimiento previo, en un contexto único y al servicio de un fin determinado.

Cita Pedro J. Ramirez a Bayard, y su ensayo Cómo hablar sobre libros que no has leído (que por supuesto no he leído). Creo que no es preciso leer todos los libros para poder hablar sobre ellos. Creo que hay libros que hablan en cuanto los coges. Creo que hay libros que dicen mucho cuando miras su contraportada, su índice, la referencia del autor. Y creo, por qué no, que hay libros que mejor tendrían que callar. Libros de infinidad de páginas que únicamente dan vueltas a una idea, brillante pero solitaria, y que puede ser compartida en unas simples líneas. En una sociedad infoxicada, acelerada, y con ciudadanos víctimas de la multitarea, el tiempo es un bien tan escaso que merece la pena ser gestionado, valorado. Por eso no es pecado acudir a resúmenes, recensiones, críticas literarias, etc. El propio Montaigne, como se señala en el artículo citado, elaborada pequeños resúmenes para compensar su mala memoria.

Insisto de nuevo en la invitación a la reflexión que hay tras el artículo del Director de El Mundo. Señala las dos cualidades que considera debe poseer un periodista, formación humanística y saber buscar las cosas. En gran parte coincide con el ámbito de la Inteligencia, entendiendo que la formación también debe estar orientada a saber interpretar la información, aplicarla a cada situación, analizar, y apoyar la toma de decisiones. Es también rasgo común a un experto en la fase del ciclo de obtención del ciclo de inteligencia, a un documentalista, o a un investigador.

A estos efectos son importantes dos herramientas, que quienes tenemos entre nuestras competencias la gestión del conocimiento solemos utilizar:

  • Los mapas del conocimiento. Saber de qué tenemos que saber.
  • Las guías de expertos. Saber quién sabe.

Aunque dedicara el resto de mi larguísima vida pendiente a leer sería incapaz de leer los libros que poseo, y menos aún los libros que deseo (cada día surgen más). Signo únicamente de nuestra limitada vida humana, pero de nuestro voraz apetito de conocimiento.

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Una respuesta a ANALISTAS: LOS LIBROS QUE NUNCA LEEREMOS

  1. Alex Batrez dijo:

    Interesante y refrescante reflexión sobre el quehacer del investigador que todos llevamos dentro, que nos ayuda a reorientar nuestras largas horas escudriñando en busca de esa pieza de conocimiento que nos hace falta para completar ese brillante ensayo que queremos dar a luz; siempre es una satisfacción leerle.

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